El Trabajo Más Duro

El Trabajo Más Duro - La Brújula

Nadie ha probado todos los posibles trabajos que existen o han existido para afirmar con rotundidad que el suyo es “el trabajo más duro”. Está claro que hay candidatos más aventajados que otros. Y también hay trabajos que difícilmente podrían alcanzar este dudoso pódium. Pero, entre un extremo y otro, no es chollo todo lo que reluce.

Decía la narradora de la novela Matar a un Ruiseñor:

“Nunca conoces realmente a una persona hasta que no has llevado sus zapatos y has caminado con ellos”.

Es una frase ejemplar, que me repito a menudo. Es muy sencillo, e incluso tentador, opinar sobre las supuestamente mullidas vidas ajenas. Por eso hoy quiero hablar de una parte importante de la vida: del trabajo. En realidad, quiero hablar del trabajo de “los otros”, de su dureza, pero de la dureza que no apreciamos desde nuestra esquina del ring. El trabajo, como tantos otros aspectos de la vida, se asemeja a un iceberg del que sólo alcanzamos a ver la décima parte que asoma en la superficie del agua.

Un trabajo duro es aquél que implica una gran responsabilidad, pero también aquél en el que si te equivocas las consecuencias son graves…sólo para ti. Es duro soportar un escrutinio continuo de tu trabajo: por clientes, por compañeros que equivocan el sentido de la competitividad, por tus superiores e incluso por la sociedad.

Es duro realizar tareas repetitivas, días repetitivos, años repetitivos sin posibilidad de promoción ni de cambio. Ni de ningún tipo de resarcimiento por un trabajo bien hecho. Cero incentivos. Y más duro aún si esas tareas sólo tienen dos posibles resultados: normal o mal.

Resulta desalentador luchar contra un fecha límite imposible; matemáticamente imposible. Una y otra vez. Es frustrante tener que intentar la cuadratura del círculo simplemente porque alguien lo ha escrito en un papel, en muchos o porque así está dispuesto en el mundo de la ideas de Platón. Resulta tan dramático como hacer malabares con cuchillos sin mango.

Cobrar poco o, incluso nada, por un trabajo complejo es duro. A pesar de que la vida es así, de que es la ley de la oferta y la demanda, de que hay muchas personas con tus mismas habilidades, cualificaciones y experiencia. Se hace muy cuesta arriba. ¿Y si además da igual cuánto te esfuerces o lo bueno que puedas llegar a ser porque, total, aquí la calidad no se valora? Triste.

Por supuesto, es extenuante tener jornadas de trabajo largas…tan largas que lo ocupen todo, hasta las noches. Sin saber cuándo podrás dejar de dar vueltas a la noria, cuándo será el próximo descanso, o si lo tendrás. Trabajar sin horarios porque tú no fichas, porque tu trabajo no está confinado en un “centro de trabajo” o porque “esto” no admite planificación, va surgiendo.

Desmoralizador y deprimente es un trabajo despreciado por sus principales “beneficiarios”. Ocurre, y en más de un caso. Pero es igualmente necesario, es el trabajo que mejor sabes desempeñar, aquél en el que acumulas años de experiencia o incluso tu vocación. Responsabilidad o necesidad obliga, pero las jornadas de trabajo pasan tan despacio que te desgastan el doble.

Quedan muchas durezas sumergidas, pero quiero sacar a la superficie una última, especial. Es muy duro ser un trabajador invisible. Sin contrato, incluso sin remuneración, pero cargando sobre la espalda tareas arduas, solitarias, que no sólo no reciben reconocimiento sino que conllevan una degradación social. Y, sin embargo, algunas de estas tareas son precisamente pilares de concordia, sin ellas no sería posible todo lo demás. Es extraño cómo funciona, a veces, el orden establecido.

Y bien, ¿cuál es, entonces, el trabajo más duro?

Sí, lo has averiguado. No voy a nombrar ningún trabajo concreto; esta reflexión no va de eso. Sino de intentar calzarnos por un rato los zapatos de otro y caminar con ellos, de ver más allá de los estrechos clichés que inundan el mundo. Es curioso, porque de los trabajos que yo he probado, el que encuentro más duro ni siquiera es considerado un “trabajo” según algunos estándares actuales.

Por cierto, la palabra “trabajo” proviene del vocablo latino tripalium: un cepo para sujetar patas y poder herrar a caballos y bueyes. Este cepo, aquí viene lo bueno, también era usado como ¡instrumento de tortura! Con estos antecedentes, parece difícil encontrar una sinecura. Pero, ¿quién sabe? Yo, desde luego, sigo buscándola.

Bueno, y para ti: ¿cuál es el trabajo más duro?

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5 Replies to “El Trabajo Más Duro”

  1. Marina

    Si, sobre todo entender que las mejoras que quiere cada uno en su trabajo, si las consigue, nos benefician a todos. Muchas veces se envidia a los que se supone privilegiados y no se entienden sus peticiones de mejora, casi nadie se pone en su lugar.

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  2. Juan M

    El trabajo más duro que he conocido es el de jornalero en el campo andaluz. Se trataba de un proyecto de voluntariado que incluia una campaña de alfabetización. Nosotros, estudiantes (yo tenía 17 años) nos pusimos los zapatos de los jóvenes jornaleros (hicimos el mismo trabajo, recibimos el mismo salario mísero, vivimos en sus mismas condiciones, en chozas sin agua corriente ni luz eléctrica y por las tardes enseñabamos a leer y escribir a quienes lo quisieran). El trabajo era agotador fisicamente y además reunía muchas de las características de dureza que has señalado: mal pagado, rutinario, despreciado, etc…Sin embargo, no era esto lo más duro. Entre ellos y yo había una diferencia crucial: yo formaba parte de un proyecto con principio y fin. Tenía la certeza, no solo la esperanza, de que en dos meses estaría de vuelta a mi vida estudiantil. Ellos tenían la certeza de que su vida seguiría siendo la misma día tras día, sin saber porqué nacieron allí y sin tener la mínima esperanza de cambio. Creo que a cualquier trabajo le podríamos aplicar esto mismo: la desesperanza, la falta de expectativas y las situaciones inescapables, hacen que lo malo pueda ser aún peor.

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    • Marta Autor del Post

      Es dramático lo que cuentas. La desesperanza quizás lo peor. Situaciones así trascienden el concepto de “trabajo duro”. Son vidas muy duras.

  3. Marina

    Aunque mi trabajo de profesora en secundaria me parece un trabajo duro por muchas razones, entre ellas la desmotivación de los alumnos, la extensión del trabajo fuera del horario escolar y la carga psicologica que supone, siempre he pensado que hay trabajos mucho mas duros porque agotan físicamente a las personas, no tienen otras opciones y además son pobres a pesar de trabajar.

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    • Marta Autor del Post

      Sí, tener un trabajo duro y además cobrar poco es una combinación demoledora. Pero eso no quita para que tu trabajo, con sus ventajas, también sea duro en ciertos aspectos. Se trata de que todos intentemos entender las reclamaciones de los otros, no sólo las de los más desfavorecidos.
      ¡Gracias por comentar!

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