El Humilde

La Brújula-Post7-El Humilde-Sabiduría, humildad y respeto

El camino hacia el conocimiento es lento, a veces tortuoso. La adquisición de la pieza más concreta de saber requiere de una concentración, objetividad y perseverancia difíciles de aunar. Encima, cuando por fin crees que has aprendido algo, viene un científico y lo refuta. De ahí la importancia de la humildad como puntal de cualquier intento de aumentar nuestra instrucción.

Esquivando falacias y manteniendo alerta el espíritu crítico, incluso el brevísimo Twitter puede ser una fuente de descubrimientos y diversión. Hace un par de semanas caí precisamente sobre un hilo que cuestionaba el uso del adjetivo humilde como “eufemismo” de pobre, “como si los valores dependieran de tu estatus económico…” En un primer momento también me lo planteé, así que decidí armarme de escepticismo y preguntar a Google. Y he aquí la interesante respuesta:

La palabra “humilde” viene del latín humilis, que es la persona susceptible de humuliare: postrar por tierra ante otro en reconocimiento de bajeza y sumisión. Así, en latín humilis es una condición, sinónimo de baja situación social, económica, etc.

El nacimiento de la palabra “humildad” como virtud opuesta a la soberbia empezó a partir del s. IV d.C., en un afán de los padres de la Iglesia (cristiana) de dignificar a las gentes de condición humilde, pues en ellos tenía el cristianismo a la mayoría de sus seguidores.

Hoy en día las dos acepciones, “humilde” como sinónimo de “pobre” y humildad como virtud, son empleadas sin estar ya relacionadas entre sí. Lo cierto es que ha pasado mucho tiempo desde aquellos humildes humillando y, sin embargo, la humildad sigue sin alcanzar el reconocimiento que merece.

Los ojos y oídos de la mayoría están centrados en individuos airados, pedantes encumbrados que, aún a veces atesorando amplios conocimiento y letras, yerran en los desquites más fundamentales al dejarse llevar por algo que parece amargura. La humildad, en ellos, no está por ningún lado. Exudan más bien un desprecio profano por aquello que no les interesa, y que por tanto desconocen, que no conviene a la imagen que han construido de ellos mismos o a la vida que creen que deberían tener. ¿Ejemplos? “Abrid el periódico X por la página Y”.

En contraste, el humilde parece un gran olvidado. Quizás su prudencia no casa con la reverberación requerida para entretener en el circo romano; ni antes ni ahora. Sin embargo, al final de la vida una persona humilde habrá aprendido muchas o pocas cosas, pero las habrá aprendido bien. Porque aprenderá de lo vivido, sin elucubrar sobre vivencias que no ha tenido. Y, lo que es más importante, habrá vivido sin crispación, con una conciencia clara y el corazón sereno.

Es difícil contemplar un atardecer y no creer que el cielo está en llamas. Ojalá algún día yo también consiga aprender a vivir sin aseverar. Entonces conseguiré aprender algo, con humildad.

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2 Replies to “El Humilde”

  1. Marta Autor del Post

    ¡Qué buen apunte! No hay atajos. Y andando por el camino hacia la sabiduría es como ya te encontraste con ella 😉

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  2. Sócrates

    Totalmente de acuerdo. “Sólo sé que no sé nada”. Es el camino a seguir si quieres tener alguna posibilidad de algún día llegar a “saber” algo. Y es una camino sin atajos, largo y tortuoso, que hay que recorrer humildemente con sinceridad y honestidad. Muy buen artículo. ¡Enhorabuena!

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